Presentación
En Fisuras buscamos abrir espacios a las voces que cuestionan y subvierten los relatos hegemónicos, a aquellas expresiones que nacen del cuerpo, de la herida y de la necesidad de descolonizar nuestra mirada sobre el mundo. En este espíritu, presentamos el ensayo Dramaturgias rotas: Ensayo narrativo sobre descolonización desde la práctica teatral de Mary Carmen Monje Domínguez, un texto que se adentra en las entrañas del teatro para explorar sus posibilidades de resistencia, sanación y transformación.
Desde un lugar heterogéneo, donde se cruzan lo académico y lo popular, lo ritual y lo contemporáneo, Mary Carmen nos invita a repensar las formas tradicionales de la dramaturgia, a romper con las estructuras que limitan la expresión y a abrirnos a nuevas formas de representación. Su ensayo es una invitación a descolonizar el «viaje del héroe», esa narrativa universal que ha dominado la escena por décadas, para dar lugar a otras voces, otras historias y otras experiencias.
Dramaturgias rotas es un manifiesto a favor de un teatro que se atreve a ser íntimo, doméstico e inestable, que no teme mostrar sus heridas y sus fragilidades. Un teatro que se reconoce como un acto comunitario de encuentro con lo sagrado, con los ciclos de la naturaleza, con la memoria y con el mito. Un teatro que, en su esencia, es una forma de resistencia y de amor.
Les invitamos a sumergirse en este ensayo, a dejarse interpelar por sus reflexiones y a explorar las posibilidades de un teatro que, en su imperfección, en su fragilidad y en su ser efímero, es capaz de transformar nuestra mirada sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Porque en las fisuras del teatro, en los espacios donde se rompen las estructuras y se cuestionan los relatos, es donde reside la posibilidad de construir un futuro más justo, más diverso y más humano.
Equipo editorial FISURAS
Dramaturgias Rotas: Ensayo narrativo sobre descolonización desde la práctica teatral
Mary Carmen Monje Domínguez
(Bolivia). Licenciada en Artes Dramáticas y cofundadora de El Baúl Teatro, donde actúa, dirige y escribe obras reconocidas nacional e internacionalmente. Su trabajo, que incluye textos como Morir antes… y Cenizas al mar, ha sido premiado y se destaca por su enfoque en temas de género. Además, forma parte de la Antología de Escritoras Cruceñas y ha participado en la XXI Bienal de Arte de Santa Cruz con una instalación y en diversas propuestas de performance en el ámbito del arte contemporáneo.
Escribo desde el cuerpo. Desde las entrañas. Desde ese lugar no domesticado donde las palabras tiemblan antes de ser pronunciadas. Durante años escondí las palabras y los escritos, no parecían suficientes. Intenté escribir “bien”, entendí que lo que me salvaba no era la forma, sino el pulso. Lo que me guiaba no era la teoría, sino el cuerpo, la sangre.
La necesidad de decir.
Hablo desde un lugar mestizo. Ese mismo lugar me permite el sincretismo: mezclar lo académico con lo popular, lo ritual con lo contemporáneo, lo corporal con lo conceptual, lo visceral con el análisis. Ya no lo cuestiono, lo acepto y lo incorporo.
El término “dramaturgias rotas” en el campo teatral y académico suele usarse para referirse a formas de escritura escénica que rompen con las estructuras tradicionales de la dramaturgia, ya sea a nivel formal, narrativo, estético o político. Es un concepto que cuestiona las lógicas hegemónicas del drama clásico y abre espacio a otras formas de representación. No es un texto fallido, sino uno que elige romperse para hablar desde la herida, la grieta, la periferia, lo inestable o lo no dicho. Romper también puede ser una forma de cuidar, de denunciar, de sanar o de reapropiarse del lenguaje escénico.
Poner en palabras cuerpos que no son míos
o quizás sí lo son,
en un tiempo sin tiempo, que existe y
no.
Tal vez son las voces que han pasado por mí, tal vez son mis ancestros hablando desde interminables cadenas de ADN, tal vez es eso que no tiene nombre que nos traspasa a todos.
Tal vez es la pulsión de muerte recordándome mi breve paso.
El origen del teatro es el ritual, no está en el entretenimiento ni en la representación estética, sino en una necesidad humana de comunicarse con lo invisible, sanar lo propio y lo colectivo, recordar lo ancestral y dar forma simbólica al transcurrir de la vida. Antes de ser una forma artística codificada, el teatro fue —y en muchas culturas aún es— un acto comunitario de encuentro con lo sagrado, con los ciclos de la naturaleza, con la muerte, con la memoria y con el mito.
El arte, sobre todo el arte escénico, ha sido mi forma de resistencia. Y también de amor. Porque el teatro es uno de los pocos espacios donde aún nos reunimos a mirar a otro cuerpo en vivo. Sin pantallas, sin filtros.
El teatro, más que ningún otro arte, necesita del otro. Sin cuerpos, sin miradas, sin respiraciones compartidas, sin sudor, no hay escena. Y eso lo hace profundamente político. Porque nos obliga a convivir, aunque no siempre nos guste, aunque duela. A sostener lo incómodo. A escuchar al que piensa distinto.
A llorar…
En esa comunión, se gesta una posibilidad de comunidad, y también una posibilidad de descolonización.
Descolonizar para mi es una forma de estar en el mundo, de mirar, de escribir, de escuchar. Es dejar de pensar que la razón vale más que la emoción. Es dejar de creer que el conflicto individual es el único motor de la historia. He intentado practicar una dramaturgia que propone una ética del cuidado desde el principio del proceso. Obras donde no se trata de vencer, sino de sostener. Donde lo importante no es quién tiene razón, sino quién escucha. Donde no hay héroes ni heroínas, sino muchas voces que se interrumpen, se contradicen, se atraviesan.
Las mías, las de otros.
Pienso en el «viaje del héroe», popularizado por Joseph Campbell, ha sido durante décadas una receta casi sagrada para contar historias. Esta estructura propone una secuencia de etapas.
—partida, iniciación, retorno—
por las que debe pasar un protagonista (casi siempre masculino, individualista y occidental) para lograr su transformación.
Sin embargo, esta forma no es universal. Ignora otras maneras de contar y de vivir el relato: las estructuras circulares, las voces colectivas, los relatos no lineales, las experiencias emocionales contradictorias o incluso el valor del no llegar a ningún lado. El viaje del héroe privilegia el conflicto, la conquista y el logro como motores del relato, dejando fuera experiencias fundamentales como el cuidado, la espera, el duelo o el estar.
Descolonizar el viaje del héroe es abrir la posibilidad de múltiples formas de narrar.

Es también cuestionar para quién se escribe, desde dónde y con qué imaginarios.
Me interesa una dramaturgia que no necesite pedir permiso. Que no tenga miedo a ser “demasiado emocional”. Que no busque el aplauso del canon. Que se atreva a ser íntima, doméstica, inestable. Porque ahí, en lo pequeño, en lo compartido, en lo cotidiano, está la posibilidad de otra historia.
Nos han dicho que el arte no sirve. Que no transforma. Pero el arte —el arte vivo, el arte que se hace con otros— es una forma de trazar futuros diferentes. Una grieta en el discurso dominante. Una forma de no olvidar. Una forma de seguir.
Y lo femenino humano,
con su poder de cuidado, de escucha, de conexión con los otros, tiene mucho que decir en esa grieta.

Descolonizar es también permitirnos escribir desde el deseo. Desde un cuerpo que no sabe explicar pero que siente. Desde la herida que no cierra, pero habla. Y el teatro, con toda su imperfección, con toda su fragilidad y su ser efímero es el lugar perfecto para eso.
Ahí, en ese pequeño temblor colectivo, podríamos comenzar a imaginar otro mundo.
Ejercicios de descolonización
Ejercicio 1
Identifica una herida, puede ser física, emocional o de cualquier índole. Date el trabajo de escribir lo que sientes tú respecto a esta herida (sin juzgar nada, solo dejando que las palabras broten desde el sentir) Y luego deja que esa herida te responda (también sin juzgar) solo dejando que se exprese. Esta herida se convierte en un personaje, en un otro. ¿Qué tiene que decir? ¿Tiene nombre?
Ejercicio 2
Si tuvieras que crear tu propio ritual ¿Cómo sería? ¿Por qué líneas infinitas sería atravesado? Desde lo más ancestral a lo más contemporáneo. Las reglas las pones tú y las posibilidades son infinitas; desde una oración hasta una receta de cocina.
