Presentación

En Fisuras nos proponemos explorar aquellas voces y procesos que, desde los márgenes y las resistencias, desafían las estructuras coloniales y hegemónicas que configuran nuestro mundo. En este espíritu, presentamos un ensayo que nos adentra en la figura de Abdullah Öcalan y en el movimiento de liberación kurdo, destacando especialmente el papel fundamental de las mujeres en esta lucha.

Este texto es una invitación a comprender la esencia del Movimiento de Mujeres del Kurdistán, inseparable del legado de Öcalan, quien desde sus inicios reconoció el liderazgo de las mujeres como clave para la liberación del pueblo kurdo. A través de una mirada histórica y reflexiva, el ensayo nos muestra cómo las mujeres han sido protagonistas en las revueltas, en la resistencia carcelaria, en la organización social y en las líneas de defensa, forjando un camino firme hacia la libertad.

Desde la prisión de Imrali, Abdullah Öcalan ha formulado un nuevo paradigma y una visión de lucha para el pueblo kurdo y para todos los pueblos oprimidos del mundo. Su llamado a una Sociedad Democrática y a la paz, fundamentado en la liberación de las mujeres, la defensa del territorio y la participación democrática, resuena hoy con fuerza en un contexto global marcado por la violencia, la opresión y la crisis sistémica.

Les invitamos a sumergirse en este texto, que consta de dos partes: al inicio, una carta de Öcalan sobre su vida en la prisión de la isla de Imrali; posteriormente, un ensayo que, desde la representación en América Latina del Movimiento de Mujeres Kurdas, amplía el contexto de la carta y nos invita a adentrarnos en la lucha del pueblo kurdo. Además, nos invita a reflexionar sobre el papel crucial de las mujeres en la construcción de un mundo más justo, más libre y más diverso. Porque en las fisuras del sistema, en la resistencia de los pueblos y en la fuerza de las mujeres reside la esperanza activa del futuro.

Equipo editorial FISURAS

Imagen: Abdullah Öcalan con una de las palomas del palomar que tenían en la Academia de Damasco, Siria.

SOBRE LA VIDA EN LA PRISIÓN EN LA ISLA DE IMRALI

Abdullah Öcalan

En mis defensas escritas y en mis discursos, no he abordado mucho mi vida personal. Más allá de los problemas generales de salud y de las relaciones con la administración penitenciaria, no he explicado cómo resistí el aislamiento, especialmente preparado por el sistema y aplicado solo a mí, ni cómo soporté la soledad. Creo que el tema más interesante son mis experiencias vitales frente a la soledad y el estancamiento absolutos. Cuando aún era un niño, uno de los ancianos del pueblo, considerado un hombre sabio, observó mi comportamiento y mis acciones, y pronunció una frase que aún recuerdo: «Lo li ciyê xwe rûne, ma di te de ciwa heye?», que significa: «Siéntate quieto, ¿o es que tienes mercurio?». Como es sabido, el mercurio es un elemento muy fluido, y así de activo era yo. Aunque los dioses mitológicos lo hubieran planeado, probablemente no se les habría ocurrido un castigo tan severo como el de ser atado a las rocas de İmralı. Sin embargo, ya he cumplido doce años en régimen de aislamiento.

İmralı es famosa por ser una isla donde se ejecutaban las sentencias dictadas contra altos cargos del Estado. Su clima es muy húmedo y duro; físicamente, tiende a deteriorar el cuerpo de una persona. Si a esto se le suma el aislamiento en una habitación cerrada, el efecto corrosivo sobre el organismo aumenta aún más. Además, me llevaron a la isla al comienzo de mi vejez.

Estuve bajo la supervisión del Mando de las Fuerzas Especiales durante mucho tiempo. En los dos últimos años, creo que ha intervenido también la supervisión del Ministerio de Justicia. No tenía más medios de comunicación que un libro, un periódico, una revista y una radio de un solo canal. Por supuesto, las visitas de media hora de mis hermanos cada pocos meses y las reuniones semanales con mi abogado, aunque se interrumpían con frecuencia debido al «mal tiempo», constituían mi universo de comunicación. Sin duda, no subestimo estos factores de comunicación, pero no eran suficientes para mantenerme en pie. Mi mente y mi voluntad serían las que determinarían si podía realmente hacerlo y no decaer.  

Mientras estuve fuera, me había aislado y preparado para la soledad. Tuve algunas experiencias que me habían alejado de las relaciones con mi familia, parientes cercanos, e incluso de amigos íntimos y camaradas, que son relaciones de gran dependencia. Aunque la relación con las mujeres era importante, también era un área de la cual me había alejado. Yo era lo contrario de Nazım Hikmet1. Me comprometí a no tener hijos. Cuando aún estaba en el instituto, el título de mi redacción, que obtuvo la máxima puntuación del profesor de literatura, era el siguiente: «¡Eres el niño que nunca me nacerá!». Supongo que con este ensayo quería escribir sobre infancias difíciles, pero todas estas experiencias no son suficientes para explicar mi resistencia en İmralı.

También debo mencionar lo siguiente. La conspiración que se me impuso durante el proceso de İmralı fue tal que no me dejó ni un rastro de esperanza. Fue con este propósito que la ejecución de la pena de muerte y la guerra psicológica se mantuvieron en la agenda durante mucho tiempo. En los primeros días, no podía ni imaginar cómo podría soportarlo. No podía imaginar cómo pasaría un año, y mucho menos cómo pasaría más años.

Entonces tuve el siguiente pensamiento: «¿Cómo se puede encerrar a millones de personas en una estrecha habitación?». Efectivamente, yo, como Líder Nacional Kurdo, me había convertido en la síntesis de millones bajo las condiciones de mi entrada en la celda. Así lo percibió el pueblo. Si uno ni siquiera soporta verse privado de su familia y de sus hijos, ¿Cómo podría soportar durante mucho tiempo estar separado de la voluntad de millones de personas unidas hasta la muerte, para no volver a reunirse nunca más? El pueblo llano ni siquiera disponía de una línea de correspondencia.

Hasta ahora no he recibido ninguna carta del exterior, salvo algunas excepciones, aparte de algunas cartas estrictamente controladas de camaradas en prisión, la mayoría de las cuales han sido retenidas. No he podido enviar ninguna carta. Todas estas consideraciones pueden explicar en parte la situación provocada por el aislamiento. Pero mi posición tenía aspectos únicos. Fui la persona que emprendió muchas iniciativas inéditas en relación con los kurdos. Todas estas iniciativas inacabadas eran indispensables para una vida libre. Había dado a todos los de nuestro pueblo su primer impulso en todos los ámbitos sociales, pero no podía dejarlos a ninguno de ellos en manos y condiciones fiables. Piensa en un amante: dio el primer paso por amor, pero justo cuando estaba a punto de tomar la mano del otro, su mano quedó siempre en el aire. De esta manera, mis intentos de libertad en los ámbitos sociales siempre quedaban en el aire. Prácticamente me había fundido en las áreas de la libertad social, y apenas había dejado atrás algo como un «yo». Socialmente, el proceso de la prisión comenzó en ese momento.

De hecho, aunque las condiciones externas —el Estado, la administración penitenciaria y la propia prisión— estuvieran equipadas como un palacio, esto no bastaría para explicar cómo soporté mi aislamiento. Los factores principales no deben buscarse en las condiciones ni en el enfoque del Estado. Lo decisivo es que me convencí de las condiciones del aislamiento. Tuve que encontrar razones lo suficientemente grandes para soportar el aislamiento, que me permitieran demostrar que se podía vivir una gran vida incluso en él.

Pensando en esta idea, debo mencionar en primer lugar dos desarrollos conceptuales. El primero era el estatus social de los kurdos. Yo pensaba lo siguiente: para que yo deseara una vida libre, la sociedad a la que pertenecía tenía que ser libre. Más concretamente, la emancipación individual no podría tener lugar sin la sociedad. Desde un punto de vista sociológico, la libertad individual estaba estrictamente vinculada al nivel de libertad de la sociedad. Cuando apliqué esta suposición a la sociedad kurda, mi percepción fue que la vida de los kurdos no se diferenciaba de una mazmorra negra como el carbón sin muros a su alrededor. No estoy presentando esta percepción como una expresión literaria, sino como la realidad vivida.

En segundo lugar, para comprender plenamente el concepto es necesario comprometerse con un principio moral. Es necesario concienciarse de que se puede vivir en sociedad. Una de las percepciones más importantes creadas por la modernidad es que convence al individuo de que puede vivir sin compromiso social. Este esfuerzo de persuasión es una narrativa falsa. No existe tal vida, pero se acepta como una realidad virtual fabricada. La falta de este principio también significa que la moralidad se disuelve. Aquí, la verdad y la moralidad están relacionadas. El individualismo liberal sólo es posible mediante la disolución de la comunidad moral y la ruptura de su relación con la percepción de la verdad. El hecho de que se presente como el modo de vida dominante en nuestra época no prueba su verdad. Al igual que el sistema capitalista, del que es portavoz, el individualismo liberal solo es posible con la disolución de la sociedad moral y la pérdida de la percepción de la verdad. Llegué a esta conclusión como resultado de mi profunda reflexión sobre el fenómeno y el problema kurdos.

Un doble aspecto de mi vida debe ser bien comprendido: la huida del kurdismo y, a la vez, una tendencia contraria hacia él. Debido al genocidio cultural practicado, las condiciones para la huida están listas y disponibles en todas partes y en todo momento. Es un incentivo constante para escapar. Aquí es exactamente donde entra en juego el principio moral. ¿Hasta qué punto es correcto o bueno escapar de la propia sociedad a expensas de la liberación individual?

Llegar al último curso de la universidad significó, en realidad, que mi salvación individual estaba garantizada en ese momento. Fue precisamente en este periodo cuando el inicio o la finalización de mi orientación hacia el kurdismo supuso una vuelta al principio moral. En un sentido socialista, esta sociedad podría no haber sido kurda, sino otra. Sin embargo, hay que estar vinculado a un fenómeno social para convertirse en un individuo moral. Cada vez estaba más claro que yo no podía ser un individuo amoral. Utilizo aquí el concepto de moral en el sentido de ética, es decir, de teoría moral. Por lo demás, no hablo de moralismo primitivo, por ejemplo, de vivir toda la vida apegado a una familia o a una comunidad similar. El apego al fenómeno kurdo y a su situación problemática sólo era posible a través de la moral ética.

La esclavitud absoluta de los kurdos —y siguen siendo esclavos— me impidió absolutamente soñar que «la vida libre es posible». Estoy convencido de que ¡no tengo un mundo en el que vivir libremente! Aquí hice muchas comparaciones entre la prisión interior y la exterior. Finalmente, me di cuenta de que la prisión exterior es más peligrosa para un individuo. Es un gran error que un individuo kurdo viva afuera como si fuera libre. Una vida vivida bajo el dominio del engaño y la mentira es una vida perdida y traicionada. La conclusión que saco de esto es que solo es posible vivir afuera con una condición: luchar por la existencia y la libertad de los kurdos las veinticuatro horas del día. Para un kurdo moral y honorable, la vida es absolutamente posible siendo un luchador constante por la existencia y la libertad.

Cuando apliqué este principio a mi vida en el exterior, acepté que vivía moralmente. La naturaleza de la lucha es que la recompensa por ello es la muerte o el encarcelamiento. Puesto que una vida sin guerra es un gran fraude y una deshonra, está en la naturaleza del trabajo y de la acción estar preparado para la muerte o para soportar el encarcelamiento. No soportar las condiciones carcelarias va en contra de mi razón de vivir. Del mismo modo que no se puede evitar la lucha —toda forma de lucha por la existencia y la libertad—, tampoco se puede evitar la prisión. Porque también es una necesidad de la vida libre por la que se lucha. Cuando se trata de los kurdos, y cuando te consideras socialista, si no estás bajo el mando del capitalismo, del liberalismo o de un retorcido fanatismo religioso, ¡no tienes nada que hacer fuera ni ningún mundo en el que vivir, excepto luchar por una vida moral y ética!

Cuando observé la vida de mis amigos presos a la luz de este concepto, me di cuenta de que estaban muy equivocados. Estaban convencidos o se habían autopersuadido de que había una vida libre en el exterior. De hecho, si se analiza sociológicamente, se comprenderá que la función de las prisiones es crear en los individuos un falso e intenso anhelo de libertad. En las condiciones de la modernidad, las prisiones se han construido cuidadosamente con este fin. Cuando las personas salen de prisión, pueden llegar a aceptar vivir con mentiras y deshonestidad. En este caso, es inútil esperar de ellas una vida revolucionaria, moral y honorable. Alternativamente, con la madurez de la práctica penitenciaria, cumplirán aún con más éxito sus luchas sociales.

Las prisiones no son solo centros de corrección, sino también lugares donde se aprende el cumplimiento competente de los deberes morales y voluntarios para con la sociedad. Lo mismo se aplica a los luchadores por la libertad en las montañas. Ser guerrillero de la libertad significa cumplir con los deberes morales y políticos de la sociabilidad al más alto nivel; significa estar en esta conciencia y deber moral; significa cumplir con los requisitos de autodefensa de la liberación. Ser guerrillero de la libertad no implica establecer una actividad individual ni obtener el poder. En ese caso, ya no se trataría de un luchador por la libertad, sino de un luchador por el poder. El ascenso o descenso de estas personas a las montañas no es ni moral ni social. De todos modos, estas personas traicionan fácilmente cuando no encuentran lo que esperan. No pueden cumplir con sus deberes sociales en ningún ámbito.

Lo que quiero decir es lo siguiente: para aquellos cuya existencia social está en la esclavitud absoluta, o incluso para los que han experimentado la desintegración, todos los lugares tienen características similares. Distinciones injustificadas como que el interior es malo y el exterior es bueno, o que estar armado es malo y desarmado es bueno, no alteran el esfuerzo esencial de la lucha por la existencia y la libertad. Puesto que la vida humana sólo tiene sentido cuando es libre, dondequiera que se viva sin libertad, será siempre un oscuro calabozo.

El segundo concepto, en relación con el primero, es el desarrollo de la percepción de la verdad. La única medicina para resistir en el calabozo es desarrollar la percepción de la verdad. Tener una fuerte percepción de la verdad en relación con la vida en general es alcanzar el momento más gozoso de la existencia, o más bien el sentido de la vida. Si las personas tienen una comprensión correcta de por qué viven, vivir en cualquier lugar no será un problema para ellas.

La vida pierde su sentido si está constantemente llena de errores y mentiras. Esto conduce a lo que se denomina la degeneración de la vida. El descontento, el malestar, las peleas y las palabrotas son los resultados naturales de una vida podrida. La vida humana es un milagro para quienes tienen una percepción desarrollada de la verdad. La vida misma es una fuente de gran emoción y entusiasmo. El sentido del universo está oculto en la vida. Mientras uno se dé cuenta de este secreto, no hay problema para soportar la vida incluso en una mazmorra. Si la prisión es para la libertad, lo que crecerá allí es la percepción de la verdad. La vida que crece con la percepción de la verdad puede transformar en felicidad incluso los sufrimientos más difíciles.

Para mí, la prisión de İmralı se ha convertido en un campo de batalla por la verdad en cuanto a la percepción del fenómeno y el problema kurdos, y en cuanto a la construcción de las posibilidades de una solución. Mientras el discurso y la acción prevalecían en el exterior, el sentido prevalecía en la prisión. Me habría resultado muy difícil desarrollar fuera los pensamientos sobre filosofía política que he expresado de forma más amplia y concreta en esta defensa.

Incluso captar el concepto de política en sí mismo requiere un gran esfuerzo; exige una fuerte percepción de la realidad. Se puede decir que mi profunda toma de conciencia de que era un dogmático positivista estaba muy relacionada con el aislamiento. Fue en el aislamiento donde fui más consciente de los diferentes conceptos de modernidad, de que puede haber muchos modelos diferentes de construcción nacional, de que las estructuras sociales en general son construcciones ficticias creadas por la mano del hombre y de que tienen una naturaleza flexible. En particular, fue muy importante para mí superar el concepto de Estado-nación. Durante mucho tiempo este concepto fue para mí un principio marxista-leninista-estalinista; era un dogma que nunca debía cambiarse.

Cuando me enfoqué en la naturaleza social, la civilización y la modernidad, fue importante para mí darme cuenta de que este principio no podía relacionarse con el socialismo, que era un residuo de la civilización de clases y del máximo poder social legitimado por el capitalismo. Así que no dudé en rechazarlo. Si ha de haber un socialismo verdaderamente científico, como se dice, serían los maestros del socialismo real —gente como Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao y Castro— los que necesitarian cambiar en este aspecto. Su apropiación del concepto capitalista de Estado-nación fue un gran error e hizo un gran daño a la causa del socialismo.

Cuanto más comprendía que el liberalismo capitalista es una hegemonía ideológica muy poderosa, más fuertemente comencé a analizar la modernidad. Me di cuenta de que la modernidad democrática no sólo es posible, sino que también es más real, contemporánea y vivible que la modernidad capitalista. Como el socialismo real no pudo superar el concepto de Estado-nación y lo asumió como un hecho fundamental de la modernidad, nunca pudimos imaginar que pudiera existir otro tipo de nacionalismo, por ejemplo, el nacionalismo democrático. ¡Una nación era algo que tenía que tener un Estado! Si los kurdos eran una nación, tenían que tener un Estado.

Sin embargo, cuanto más me concentraba en los fenómenos sociales, más me daba cuenta de que la nación en sí misma era la realidad más repugnante de los últimos siglos, que se formaba bajo la fuerte influencia del capitalismo y, sobre todo, que el modelo de Estado-nación era una jaula de hierro para las sociedades, más me daba cuenta de que tanto el concepto de libertad como el de sociabilidad eran más valiosos. Al darme cuenta de que luchar por el estatismo-nación era luchar por el capitalismo, mi filosofía política sufrió grandes transformaciones. La lucha estrecha por el nacionalismo y el clasismo (ambos, en esencia, conducen a lo mismo) al final solo fortaleció el capitalismo.

Me di cuenta de que, en cierto modo, era víctima de la modernidad capitalista. Al comprender que los estudios sociales impuestos por la modernidad no eran ciencia, sino mitologías contemporáneas, mi conciencia de la historia y la sociedad ganó en profundidad. Se produjo una revolución total en mi comprensión de la verdad. A medida que desgarraba los dogmas capitalistas, conocía la sociedad y la historia con mayor placer y verdad.

El nombre que me di durante este periodo fue «Cazador de la Verdad». Había transformado la expresión corre conejo, atrapa sabueso2 , impuesta a los kurdos por la modernidad capitalista, en la canción infantil «caza a la modernidad capitalista». Cuando la percepción de la verdad se desarrolló como un todo, proporcionó una superioridad de significado incomparable, independientemente de los ámbitos sociales, incluso físicos y biológicos, en los que pensemos. En las condiciones de la cárcel podía llevar a cabo tantas revoluciones diarias de la verdad como quisiera. Sería superfluo afirmar que nada más puede dar la fuerza de resistencia que esto proporciona.

El fortalecimiento de la comprensión de la verdad también repercutió en el desarrollo de soluciones prácticas. A la mentalidad estatista turca siempre se le atribuye santidad y singularidad. Cuando se trata de gobierno, siempre viene a la mente el concepto de Estado. Esta mentalidad es de origen sumerio y, al estar estrechamente fusionada con la divinidad, se transfirió constantemente a las culturas árabes e iraníes del poder. El concepto de un dios único también ocupa un lugar importante en los orígenes del fenómeno del poder. Al formarse las élites de poder en los turcos, desarrollaron quizás la cuarta o quinta versión de este concepto. Sin conocer su significado etimológico, siempre se vieron afectados por sus consecuencias. En las prácticas selyúcidas y otomanas, el Estado había adquirido un significado completamente negro, o más bien se había convertido en un sinsentido. En aras del poder, a veces se ejecutaba a decenas de hermanos, hermanas y familiares de un solo golpe. Con la República, se dio otra cobertura a este entendimiento; más exactamente, se instalaron en el poder las concepciones europeas de la soberanía nacional y del Estado-nación tal como eran. Así, el Estado-nación turco se convirtió en un Leviatán aún más peligroso. Cualquiera que lo tocara era ejecutado. El Estado-nación era uno de los santos principales. Esto era especialmente cierto para la clase burocrática. El problema del poder y del Estado se había convertido en el problema social más complejo de la historia.

Al darme cuenta del papel que desempeñan en las relaciones turco-kurdas los conceptos de poder y de Estado, en los que más me concentré en İmralı, sentí la necesidad de orientarme hacia soluciones prácticas más concretas. Sentí la necesidad de remontarme a los hititas en el desarrollo milenario del poder y de las regulaciones estatales, tanto en las relaciones turco-kurdas como de forma general.

Cuanto más entendí que existía una estrecha relación geopolítica y geoestratégica entre las culturas de poder y Estado de Mesopotamia y Anatolia, y cuando aplicaba esto a las relaciones entre turcos y kurdos, más fácil me resultaba ver que la separación de poder y Estado no era un método acertado. No aceptaba los conceptos de poder y Estado, ya que eran conceptos que iban en contra del concepto de democracia. Comprendí mejor la importancia de la democracia al darme cuenta de que sería una gran pérdida para la sociedad dejar toda la administración en manos del poder y del Estado. Sin embargo, al darme cuenta de que la negación anarquista del poder y del Estado conducía a una falta de soluciones en la práctica, comprendí profundamente que la negación de la división del poder y del Estado no se ajustaba a las realidades históricas, aunque no fuera mi método preferido de solución.

El régimen democrático era nuestra principal preferencia. Pero cuanto más negaba las culturas del poder y el Estado unificados a lo largo de la historia, más me daba cuenta de que no podría llegar a soluciones prácticas saludables a menos que comprendiera los aspectos socialmente merecidos del poder y el Estado compartidos.

A lo largo de la historia, las políticas y estrategias de poder y de Estado en Anatolia y Mesopotamia han estado intensamente interrelacionadas y a menudo se han ensayado modelos comunes. En las relaciones turco-kurdas, se favorecieron modelos similares en todos los periodos críticos. Este modelo se probó por última vez en la Guerra Nacional de Independencia. He tratado ampliamente estas cuestiones en mi defensa. Además de presentarlo como un modelo teórico, transformarlo en un proyecto de solución práctica tuvo un inmenso valor no solo para las relaciones turco-kurdas, sino también para la solución de problemas similares en Oriente Medio, que vive un gran dilema.

Especialmente contra el dogmatismo positivista impuesto por la modernidad capitalista, contenía tanto elementos muy coherentes con los hechos históricos como los más cercanos a los ideales de todos para una solución práctica. A la luz de la evolución histórica, mi atención a los conceptos de modernidad democrática, nación democrática y autonomía democrática en relación con el poder y el Estado tuvo un impacto significativo. Otra realidad histórica fue la constatación de que el poder centralizado es la excepción, mientras que los poderes locales son la regla. Cuanto más comprendía la conexión entre el capitalismo y la presentación del modelo de Estado-nación centralizado como modelo único y absoluto en este contexto, más clara se hacía la importancia de las soluciones locales para la democracia.

Llegué a conclusiones similares para la relación entre violencia y poder. Estaba claro que no podíamos elegir convertirnos en una potencia y una nación a través de la violencia. El socialismo tampoco tenía nada que ver con la obtención de ventajas sociales mediante la violencia, a menos que esta fuera necesaria para la autodefensa. Toda forma de violencia que no fuera la autodefensa solo podía ser válida para los monopolios de poder y explotación. El desarrollo conceptual en esta dirección atribuyó gran importancia a abordar el problema de la paz de una manera más significativa y basada en principios. Por lo tanto, había acumulado una gran cantidad de conocimientos conceptuales y teóricos que negarían las etiquetas de «separatistas» y «terroristas» de las élites gobernantes y estatales que oprimen a los kurdos y, de hecho, a todos los grupos sometidos a opresión y explotación.

Sobre la base de este trasfondo conceptual y teórico, los diálogos que desarrollamos con los funcionarios estatales fueron más productivos y aportaron creatividad para soluciones prácticas. Como puede verse en diversas partes de la defensa, en muchas áreas similares fue posible desarrollar soluciones teóricas y prácticas con la contribución de la evolución de la percepción de la libertad y la verdad sociales.

Excepto por las razones físicas que causan problemas de salud, no hay ningún aspecto de la vida en İmralı que no pueda soportar. Ciertamente, mi moral, mi conciencia y mi fuerza de voluntad no han decaído en comparación con el pasado; al contrario, han madurado, se han nutrido de la estética y han enriquecido su desarrollo en la dirección de lo bello. Cuanto más desarrollemos la explicación de las verdades sociales a través de la ciencia, la filosofía y la estética, más posibilidades habrá de vivir una vida más correcta, buena y bella. Prefiero vivir solo en mi celda hasta mi último aliento que convivir con personas a las que la modernidad capitalista ha desviado del camino de la verdad.

En relación con mi vida en İmralı, una pregunta por la que siente curiosidad nuestra gente es dónde y cómo viviré en caso de que salga de la cárcel. No soy una persona muy imaginativa. Debería ser bien sabido que soy dueño de un estilo de vida llamado realismo revolucionario. Estas preguntas pueden responderse mejor si se mira mi vida desde la infancia, en lugar de mi vida tras la salida de la cárcel. Las «primeras rebeliones» que protagonicé contra la autoridad familiar con menos de diez años encierran pistas importantes a este respecto. Desde entonces soy un rebelde solitario. En la defensa, he intentado presentar mis objeciones a la sociedad rural y urbana. Quienes estén interesados pueden encontrar juntas las preguntas y las respuestas necesarias. Debo resumir muy brevemente que para mí la vida es posible en tanto se viva libremente. He intentado explicar qué es una vida libre basándome en esta última defensa en cinco volúmenes. Una vida que no es ética, justa y política es una vida que no debe vivirse en términos de sociabilidad. La civilización en general y la modernidad capitalista en particular, con los monopolios ideológicos de opresión y explotación que ha creado, hacen posible una vida errónea a través de vidas demagógicas e individualistas con abundantes mentiras, que se revisten de todas las formas de esclavitud. Así surgen los llamados problemas sociales.

Ya nos llamemos socialistas, libertarios, demócratas o comunistas, toda persona que se llame a sí misma revolucionaria debe objetar y oponerse a la civilización basada en la opresión y explotación extremas de clase, ciudad y poder, y a los estilos de vida dominantes de los tiempos modernos. De lo contrario, un modo de vida justo, libre, democrático y social no puede llevarse a cabo; por lo tanto, no puede ser vivido. Se viven vidas mentirosas, equivocadas, malas y feas. Esto se llama estilo de vida incorrecto, sin base en la verdad. Mi gran esfuerzo por rechazar este estilo de vida, que he convertido en un problema a lo largo de mi vida o que ya es problemático, debe ser bien comprendido. De lo contrario, no es posible que se me entienda ni como una personalidad ni como un Liderazgo. Aquellos que quieran unirse y beneficiarse de mi personalidad o de mi Liderazgo sin comprenderlo pueden sentirse muy decepcionados. La correcta comprensión y participación no es un problema personal, sino social.

Una pregunta muy curiosa sobre este tema es sobre la forma de vivir con las mujeres. En todos los volúmenes de mi defensa he abordado la cuestión de cómo vivir con las mujeres. Vivir con las mujeres es de gran importancia, especialmente en las condiciones de la modernidad. Este no es un problema que se pueda resolver simplemente pidiendo, buscando y engañando a una chica, viviendo juntos en casas «públicas» o «privadas», con o sin hijos. Hay que partir de un enfoque científico, filosófico, ético y estético para resolver este problema, que ocupa un lugar central en el corazón y el cerebro de los problemas sociales. En nuestra época, en las condiciones de la modernidad capitalista, una vida de libre convivencia con una mujer es una vida que exige una gran responsabilidad y un planteamiento científico, filosófico, ético y estético. Sin conocer la situación de la mujer en la historia de la civilización y en la era moderna, y sin la fuerza de un enfoque ético y estético, cualquier convivencia, sea cual sea el tipo de vida que se intente, está abocada a desembocar en la injusticia, la inmoralidad y la fealdad.

Para no desperdiciar la vida, es esencial llevar a cabo las formas de vida correctas, morales y estéticas con las mujeres. Analizar la identidad de la mujer, en cuya personalidad se ensayan y asimilan todas las formas de esclavitud, y convertirla en camarada y compañera de vida en la causa de la libertad y la igualdad es también la condición básica para ser un hombre correcto, moral y bello. Si se leen correctamente las líneas pertinentes de la defensa, se entenderá mejor por qué le doy importancia a este modo de vida y lo convierto en un principio. El estilo de vida en el primitivismo sexista de «follarse» a las mujeres (una forma de relación en la que incluso la sexualidad biológica está corrompida) impuesto por la moral civilizatoria orientada al poder de la modernidad produce una gran inmoralidad y fealdad. Si mi gran lucha contra esto y sus resultados se entienden correctamente, la vida puede vivirse de forma más moral y bella con las mujeres. Para ello, todos los hombres y mujeres que tengan una cuota de responsabilidad deben desarrollar y organizar constantemente enfoques y prácticas científicas, filosóficas, éticas y estéticas para el empoderamiento y la emancipación de las mujeres en particular, para que alcancen un nivel de igualdad en todos los ámbitos sociales, y para que sean vitales en la mentalidad y las instituciones de la nación democrática.

Ya sea adentro o afuera, en el seno materno o en cualquier tiempo y lugar del espacio, la vida humana solo puede ser vivida de forma socialmente libre, igualitaria y democrática en la diversidad. Otras formas de vida son desviadas y, por tanto, enfermas. Se lucha con diversas declaraciones y acciones sociales, incluyendo la revolución, para llevar la vida a la verdad y hacerla sana. Para ello, se crean una mentalidad y una voluntad éticas, estéticas, filosóficas y científicas.

Por lo tanto, es natural que esté donde esté, viva el momento que viva, después de una posible salida de prisión, esté en lucha constante con todos los discursos y estilos de acción que sean necesarios hasta el final, por la sociabilidad de la que intento formar parte, por los kurdos, que viven la realidad más trágica de esta, por su nación democrática, que es su solución y el camino de la liberación, por la Unión de Naciones Democráticas, que es la solución y el camino de la liberación para todos los pueblos de Oriente Medio, especialmente los pueblos vecinos de los que forman parte, y por la Unión Mundial de Naciones Democráticas, que es la solución y el camino de la liberación para los pueblos del mundo, de los que también forman parte. Caminaré con mi verdadera personalidad, que ha ganado una gran parte del poder ético, estético, filosófico y científico que esto necesita, ganaré la vida y la compartiré con todos.

21 de diciembre de 2010

SOBRE ABDULLAH ÖCALAN, LA LUCHA DE LAS MUJERES Y EL PROCESO DE PAZ

Movimiento de Mujeres de Kurdistán

(Representación en América Latina)

Foto: Mujeres en la revolución de Rojava

Hay movimientos revolucionarios que se crearon para poder ser respuesta ante la represión y la colonización de sus pueblos. Hubo y hay compañeros y compañeras que dieron y dan sus vidas, para poder crear la vida que todo pueblo desea. El deseo de una vida libre, una vida donde sean las propias personas las que, con su fuerza y pensamiento, creen las posibilidades de organización, construcción y defensa. Hay movimientos revolucionarios que, en su juventud, desenmascararon la realidad de sus pueblos, construyeron una base de lucha y expandieron sus ideas para unir a todas aquellas que estaban bajo la sombra de la asimilación del Estado, la represión y la tortura. De la voluntad de encontrar respuestas a los problemas de la sociedad, y de la valentía de algunos, nace la esperanza y se construye el camino. Lo que hace que la vida y la lucha se unan en una sola alma, y en sí, lleven al pueblo a un estado de conciencia y pensamiento que, para el poder, sea casi imposible quebrantar su entereza. Estos fueron los inicios de la lucha de Abdullah Öcalan. No se puede hablar de PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) sin primeramente entender el rol fundamental de Abdullah Öcalan. Para el Movimiento de Liberación del Kurdistán y el pueblo kurdo, Abdullah Öcalan no es simplemente un líder político; esa es la base fundamental para entender también la esencia del Movimiento de Mujeres del Kurdistán. Abdullah Öcalan pasó su niñez en un pueblo de la zona del norte del Kurdistán. Vivió la pobreza de las familias campesinas y el feudalismo de una sociedad basada en la palabra de los hombres. Pero él, nunca pudo aceptar eso como su destino. Siempre inquieto, siempre en búsqueda, a principios de los años setenta se desplazó a la universidad de Ankara, en Turquía. La primera vez que entró en contacto con la ciudad, con los movimientos estudiantiles de las metrópolis turcas, florecieron de nuevo en su interior grandes contradicciones. Siendo consciente de la opresión y del genocidio étnico y cultural del pueblo kurdo, se esfuerza por vivir su identidad como pueblo y por recuperar la historia de un pueblo sometido a la colonización de los estados del Medio Oriente, especialmente en ese momento por el Estado turco. En la universidad, reúne a estudiantes en torno a sus pensamientos y abre espacios de debate. Su convencimiento y su devoción hacen que cada vez más estudiantes y revolucionarios de otras organizaciones se sientan a hablar y a debatir. En 1973, Abdullah Öcalan dice a sus compañeros de camino: “Kurdistán es una colonia”. En ese momento, había un gran estallido, no solo en Oriente Medio sino en todo el mundo, de organizaciones revolucionarias en torno al pensamiento marxista-leninista. En las universidades, Abdullah Öcalan congrega a más y más personas a su alrededor. Su fuerza y su personalidad revolucionarias hacen que sus pensamientos sean la base de inspiración para la semilla del cambio del pueblo kurdo. Siempre analizó la historia y sus acontecimientos como parte de un proceso vivo, como parte fundamental para entender la realidad y, desde ahí, tejer las líneas de la lucha revolucionaria. Hizo brotar en el pueblo la necesidad de autodeterminarse y salir de la esclavitud. Dijo, sin miedo, que Kurdistán existía y que los kurdos eran un pueblo, una nación. Aquel pueblo que tanto tiempo había anhelado recuperar su lengua, sus canciones, su cultura y su forma colectiva de vivir con la naturaleza y su entorno. Los que resistieron sin tierra al genocidio de imperios y colonos. Abdullah Öcalan hizo existir de nuevo el pensamiento y el sentir del pueblo kurdo, creó un entendimiento de la lucha y dio valor a una sociedad que sanaba sus heridas con el recuerdo de sus caídos.

Imagen: mapa de Kurdistan

El primer grupo de compañeros y compañeras que se congrega alrededor de Abdullah Öcalan empieza a trabajar sin descanso y, con compromiso, poco a poco, se va despertando el espíritu de lucha en la juventud kurda y turca. En estos primeros pasos, la participación de mujeres marcaría el rumbo de la organización. Por ejemplo, en esta etapa inicial, destaca Sakine Cansız (Heval Sara), una compañera de Dersim. La lucha por la liberación nacional, que golpea todo el globo, llena de esperanza a un grupo de jóvenes que se convertirían en los liberadores de su propio pueblo.

En 1977, es asesinado a traición uno de los compañeros de este primer grupo: Haki Karer. Haki era un compañero turco y gran amigo de Abdullah Öcalan. Para honrar su memoria y responder a su asesinato, el 27 de noviembre de 1978 se funda una organización. Se oficializa la creación de un partido que lucha para el pueblo, que encuentra su sentido de existencia en la idea revolucionaria de construir una sociedad socialista, que por sí misma construya un sistema de vida, un pensamiento libre y cree sus propios mecanismos de defensa. De esta manera, nace el Partido de los Trabajadores del Kurdistán. La esencia de la devoción de Abdullah Öcalan llevó a todo un pueblo a su renacimiento. De las cenizas siempre se pueden sacar las brasas que, aunque parecen que no queman, guardan en sí el recuerdo de los milenios de lucha de la gente, protegen la resistencia de las culturas ancestrales y, con su sabiduría, marcan el camino del pueblo. Esta fue la acción de Abdullah Öcalan. De las cenizas, hizo renacer el fuego de todo un pueblo. El Estado turco había hecho una promesa: que Kurdistán nunca sería posible. El PKK nació para vaciar el pensamiento de esta promesa. El pueblo kurdo siempre resistió a estos procesos de genocidio, y fueron veintinueve las revueltas que el pueblo lideró. En estos períodos, se enfrentaron a masacres, desapariciones y una política de exterminio muy profunda. Pues el Estado turco quiso no solo asesinar a un pueblo, sino borrar todo pensamiento de libertad. Abdullah Öcalan analizó todo lo ocurrido, investigó y creó el alma de la lucha por la liberación. La verdad del PKK se clarificó con la decisión de luchar por la existencia del pueblo. Y así, el PKK pasó de ser una organización a ser el Movimiento del pueblo. La lucha profunda de Abdullah Öcalan fue la de no ser visto como un líder político simplemente. De hecho, en su entendimiento de la creación de una organización, siempre planteó la necesidad de analizar las personalidades conectadas a sus propias vivencias, para desenterrar de cada individuo el potencial que los procesos de colonización habían sepultado. Así, la creación de un liderazgo comunal y horizontal, donde aquellos que mostraran una fuerte determinación y voluntad de cambio pudieran formar parte. Una de las características más importantes de Abdullah Öcalan es que siempre sintió al pueblo como uno de los valores más profundos. Así, analiza sus problemáticas y propone soluciones prácticas a cualquier planteamiento. Es en esta dialéctica entre problema y solución donde se encuentra el alma del movimiento. Así, se convirtió en una fuerza ideológica.

Foto: Öcalan, un niño entre los niños.

Desde los inicios, los problemas de feudalismo y patriarcado fueron analizados profundamente por Abdullah Öcalan, y, con los primeros pasos, el rol y la participación de las mujeres fue decisivo para marcar la trayectoria y la creación del Movimiento de Mujeres del Kurdistán.

Las primeras etapas también estuvieron influenciadas por las ideas marxistas-leninistas, pero desde el principio, Abdullah Öcalan dejó en claro que el rol de liderazgo que podía conducir a la liberación total del pueblo era responsabilidad de las mujeres. Desde el inicio, para Abdullah Öcalan fue esencial que esto fuera profundamente entendido. Así, nunca se alejó del pueblo y comprendió muy bien su dolor, su historia, sus derrotas y sus victorias. La profundidad de sus pensamientos llevó a la liberación del pueblo de un colonialismo milenario, y así se inició un proceso de lucha por la independencia que trascendió las fronteras de las naciones del Oriente Medio. Abdullah Öcalan no solo sentía el dolor del pueblo kurdo, sino también el de todos los pueblos oprimidos. La fuerza de su pensamiento y su claridad inspiraron a miles de jóvenes a unirse a su lucha y a millones de familias a verlo como su propia voz.

Foto: Öcalan con una de las promociones de mujeres militantes del PKK en la Academia Mahsum Korkmaz de Beqaa (Líbano)

La liberación del pueblo pasa por la creación de una fuerza que tenga como centro la transformación de la mentalidad, que establezca una línea política de autoorganización y que lleve a cabo su práctica de manera humilde y en constante movimiento, sin miedo al cambio. Adaptándose a los acontecimientos y sin perder su propia esencia, el Movimiento de Liberación del Kurdistán fue creando este sendero de lucha.

Desde sus primeras épocas hasta hoy, se han efectuado diferentes cambios en el ámbito ideológico, político y paradigmático. Pero sus raíces permanecieron intactas, basadas en el amor al pueblo y en la comunidad. La profundidad del PKK siempre ha sido su entrega a su gente y, por ella, la necesidad de cambios profundos para llegar a la verdad de la lucha, en consonancia con las necesidades de lo vivido, lo que se está viviendo y lo que aún está por vivir. Esto implica profundizar en el cambio de mentalidad, analizando la influencia del poder para poder generar cambios trascendentales.

La lucha de las mujeres en Kurdistán debe verse con una visión amplia. El legado de la lucha de las mujeres y la creación del movimiento están estrechamente entrelazados. Desde las primeras revueltas hasta la resistencia en las cárceles, organizando a la sociedad y en las líneas de defensa, las mujeres han sido el paso más firme hacia la libertad.

“Yo quiero ser para la libertad la voz de los deseos de mi pueblo. Yo para la vida tengo grandes expectativas y deseo tener una vida digna y realizar una gran acción.”

Heval Zilan. 1996

El 12 de septiembre de 1980 se produce un golpe de Estado en Turquía. Este provocó el encarcelamiento de una parte muy grande de militantes y de la población kurda. En estas cárceles se vivió una de las fases más importantes del movimiento: la resistencia por la vida. Las compañeras presas desarrollaron en esta resistencia un papel fundamental, que llevó al movimiento de liberación a crecer incluso frente a torturas sistemáticas y asesinatos. En esta resistencia, Sakine Cansız, junto a otros compañeros, jugó un papel clave en la resistencia.

En 1982, después del segundo Congreso del Partido, se decide el inicio de la lucha armada. La creación de la guerrilla y sus fuerzas de defensa fue un proceso en el que siempre participaron mujeres. Frente a las dificultades y a las actitudes patriarcales que vivían las compañeras dentro de la organización, ellas empezaron a desarrollar una conciencia y una práctica propia. En el tercer Congreso del Partido, también en 1982, se establecieron bases sólidas para la construcción de la organización de las mujeres, tomando como referencia las experiencias ya desarrolladas en años anteriores. Desde entonces, las mujeres comenzaron a trabajar de manera autónoma para construir una estructura propia.

En 1987 nació en Europa la YJKW (Yekitiya Jinên Welatparêzên Kurdistanê – Unión de Mujeres Patriotas de Kurdistán). Las dificultades de la clandestinidad en las zonas del Kurdistán del Norte llevaron a que este proceso se desarrollara desde fuera del territorio del Kurdistán. En todos los lugares donde existía la YJKW, se trabajó en tres ejes principales: la creación de conciencia e identidad de género, el amor hacia las mujeres y la educación como eje central de trabajo.

Foto: Guerrilleras de las Unidades Femeninas en las montañas de Kurdistan

Los años 90 estuvieron atravesados por grandes revueltas en la población, donde nuevamente la participación de las mujeres sentó las bases para el desarrollo de la organización y la lucha autónoma. En 1992, la guerra en las montañas del sur del Kurdistán se intensificó. En la lucha histórica contra las fuerzas ocupantes del KDP, la guerrilla bajo el liderazgo de algunas compañeras llevó al movimiento a una nueva fase.

El coraje de la compañera y comandante Beritan, que luchó en las montañas hasta usar la última de sus balas y, al quedar sola y rodeada, en lugar de entregarse, se arrojó por un acantilado, marcó el inicio de un nuevo período para todas las mujeres del Kurdistán. De la fuerza y acción de Beritan, se sembró una nueva semilla para el movimiento de mujeres.

En 1993 se anunció la creación del Ejército de Mujeres. Organizarse significó crear una estructura autónoma donde las mujeres pudieran vivir juntas, educarse juntas, crecer y defenderse juntas. Muchas dificultades enfrentaron durante esa época. No solo el feudalismo había arrasado las mentalidades del pueblo, sino que también muchos compañeros no aceptaban la separación por no entender la necesidad de la autonomía de sus compañeras. Por ello, en ese período, la lucha interna de las mujeres fue una gran batalla contra las mentalidades patriarcales y colonizadoras, en la que ellas mismas trabajaron por liberarse de esas influencias.

Así, las mujeres comenzaron a construir su fuerza militar e ideológica de manera conjunta. En 1995, durante el primer Congreso de Mujeres, se fundó la YAJK (Yekitiya Azadiya Jinên Kurdistan – Unión de Mujeres Libres del Kurdistán). Esta unión permitió que las mujeres desarrollaran su propia perspectiva social y política, unificando los trabajos autónomos y comenzando a tomar decisiones propias.

Desde este momento, surge la teoría de la separación, base fundamental para entender la necesidad de la autonomía femenina y la liberación del patriarcado. La unificación de los trabajos dentro de la YAJK hizo que la parte autónoma fortaleciera su programa y sus perspectivas para las mujeres.

De aquí nace la teoría de la separación, impulsada por Abdullah Öcalan, con el objetivo de romper con el sistema de dominación patriarcal y las características de mujer esclava. La teoría fue la expresión de la ruptura mental, espiritual y cultural de las mujeres con el sistema de dominación, representando una ruptura ideológica que sentó las bases para la vida y la lucha.

Foto: Celebración del Newroz, Año Nuevo Kurdo, en Bakur (Kurdistan del Norte, ocupado por Turquía)

De esta manera, se adquirió una nueva comprensión de la dominación y se profundizó en el valor del coraje, la conciencia y la práctica de las mujeres. Para los compañeros, fue un paso muy importante. Pues el nacimiento de esta teoría y su puesta en práctica conllevaron muchos debates en el seno del movimiento y con la sociedad en general sobre la liberación de las mujeres y la ruptura con la dominación masculina. Abdullah Öcalan siempre lideró y apoyó todos los procesos que iniciaron las mujeres en busca de su autonomía. Muchas de las propuestas de las compañeras eran debatidas por Abdullah Öcalan, quien las involucraba activamente en el desarrollo del entendimiento histórico del rol de la mujer en la vida, en la colectividad y en la defensa.

“ Matar la masculinidad es el principio básico del socialismo”

Abdullah Öcalan

En 1996, y después de un intento de asesinato a Abdullah Öcalan, una joven compañera de Matalya, Zilan, hizo una acción de protesta por este atentado y se cobró su propia vida, infiltrándose en un desfile militar turco y detonando un explosivo con ella. Esta acción simbolizó para todo el movimiento un renacer. Pues, con el intento de asesinato, el Estado turco quería no solo asesinar a Abdullah Öcalan, sino también debilitar al movimiento y alejar al pueblo de su propia resistencia. La compañera Zilan, con su acción, abrió para todas las mujeres una nueva mirada a la vida. Alcanzó la propia verdad del amor por su tierra y dio una respuesta.

De la acción de la compañera Zilan, y para todas las mujeres, se creó un nuevo horizonte de lucha, y así nació la Ideología de Liberación de la Mujer. Abdullah Öcalan construyó esta ideología en base a la creación de una lucha con una dimensión diferente del socialismo, para acabar con la mentalidad patriarcal y para erradicar la esclavitud de la vida de las mujeres. Basándose en cinco principios: defensa de la tierra, pensamiento y voluntad libres, organización, lucha, ética y estética, todo el movimiento de liberación del Kurdistán se abrazó a esta teoría de liberación.

El 15 de febrero de 1999, y tras un complot de los poderes hegemónicos, Abdullah Öcalan fue secuestrado en Kenya y llevado a la isla-prisión de Imrali. En ese momento, el pueblo y el movimiento experimentaron un gran cambio en sus vidas. Este fue otro intento de acabar con la fuerza del movimiento, desde afuera y desde adentro. Para ello, atacaron profundamente al movimiento de mujeres, precisamente porque eran las defensoras de la línea revolucionaria.

El 8 de marzo de 1999, y como respuesta al encarcelamiento de Abdullah Öcalan y a los nuevos ataques del Estado turco y sus aliados, nació el PJKK (Partido de las Mujeres Trabajadoras del Kurdistán), con el fin de poner en práctica la Ideología de Liberación de la Mujer, crear alianzas con la sociedad y comenzar procesos para la transformación de los hombres.

En 2000, se celebró el tercer Congreso de las Mujeres, fortaleciendo aún más los cimientos de la lucha de género dentro del movimiento y en la sociedad. Durante estos años, el movimiento de mujeres del Kurdistán experimentó diversos cambios internos, profundizando en los escritos que Abdullah Öcalan, desde la prisión, fue desarrollando.

Todos los trabajos en la sociedad, en la política y en el ámbito militar se basaron en la liberación de la mujer. Las estructuras comenzaron a desarrollar su parte autónoma, organizándose en torno a la construcción de una conciencia de lucha a nivel internacional. La lucha del movimiento de mujeres del Kurdistán se expandió, abriendo caminos, aprendiendo de su legado, del legado de la lucha de las mujeres en otros territorios y construyendo la base para cambiar la mentalidad dominante.

El quinto Congreso de las Mujeres se celebró en 2004, donde se renombró y se dio un nuevo rumbo al Partido de Mujeres, que pasó a llamarse PAJK (Partiya Azadiya Jina Kurdistan – Partido de Liberación de las Mujeres del Kurdistán). El ejército de las mujeres también cambió de nombre y pasó a llamarse YJA-Star (Yekitiya Jinen Azad-Star).

Para promover una mayor confederación de mujeres, en 2005 se estableció el paraguas confederal, donde se aglutinaron todas las organizaciones de mujeres del Kurdistán, Europa y, con la participación del PAJK y YJA-Star. Este confederal recibió el nombre de KJK (Komalên Jinên Kurdistan – Congreso de Mujeres del Kurdistán), que trabaja en paralelo con el KCK (Koma Civakên Kurdistanê – Congreso de los Pueblos del Kurdistán).

El movimiento de mujeres del Kurdistán se ha construido en base al legado de lucha de las mujeres por la liberación de género y la de los pueblos. En función del paradigma del Confederalismo Democrático, las mujeres organizan su fuerza y sus capacidades para representarse a sí mismas y crear un cambio radical en la mentalidad patriarcal y colonial. Desde el principio, la fuerza de las mujeres impulsó el desarrollo tanto en los ámbitos políticos, ideológicos y militares.

Las dificultades vividas por las mujeres dentro del movimiento hicieron crecer una cultura de resistencia. En la búsqueda de la verdad, la búsqueda de la libertad siempre fue lo que Abdullah Öcalan deseó para las mujeres. Por eso, con el cambio de paradigma, el Confederalismo Democrático como propuesta de sistema político frente al capitalismo, nació para construir un sistema de autogobierno de los pueblos, multiétnico y multireligioso. En él, la liberación de las mujeres, la defensa del territorio y la base democrática para la participación del pueblo se convierten en los pilares fundamentales de esta lucha contra la dominación de los estados.

Las mujeres ocupan un rol de liderazgo en el cambio y, desde esa responsabilidad, el movimiento de mujeres del Kurdistán, desde sus inicios, siempre ha establecido alianzas y lazos de solidaridad con los movimientos de mujeres en todo el mundo. La construcción de esta lucha es la base para la unidad de la fuerza y el valor de las mujeres a nivel global. En este camino, la confianza y la esperanza de Abdullah Öcalan en la fuerza de las mujeres han sido siempre determinantes.

Desde su encarcelamiento, Abdullah Öcalan nunca hizo una defensa personal ante los poderes judiciales. Su defensa fue la escritura de un nuevo paradigma y visión de lucha para el pueblo. En lugar de defenderse a sí mismo, expandió su pensamiento, creando así un manifiesto. Escribió más de doce libros en prisión, en los que desarrolla las problemáticas del pueblo kurdo, analiza la historia y la sociología, los poderes hegemónicos y la creación de la humanidad.

En estos libros, Abdullah Öcalan trazó una hoja de ruta para la liberación. La ruta que él marcó para el movimiento de mujeres del Kurdistán sembró las semillas del coraje después de décadas de genocidio y exterminio. Las mujeres, desde su propia esencia y del legado de lucha de todas ellas, crearon una dimensión de resistencia que afirma la verdad del amor, del compañerismo y la autodefensa ante todas las mujeres y pueblos en lucha.

Sobre el proceso de Paz y sociedad Democrática

Abdullah Öcalan formuló una intervención histórica el 27 de febrero de 2025, al llamar al PKK y a los pueblos de la región a abrazar una “Sociedad Democrática y Paz”. Las crisis en curso intensificaban la necesidad de soluciones sociales urgentes, mientras que las potencias hegemónicas regionales e internacionales emprendían planes para rediseñar Medio Oriente sin tener en cuenta la voluntad de los pueblos. En respuesta, Abdullah Öcalan buscó intervenir en este proceso y reequilibrar los cálculos de todas esas fuerzas. En la región, Israel aspiraba a controlar Siria, Líbano y Kurdistán en nombre de su seguridad. Irán buscaba consolidar su hegemonía regional y prolongar su permanencia. El Estado turco, por su parte, pretendía modelar la región en función de sus propios intereses mediante su prolongada guerra contra el pueblo kurdo. Sin embargo, el movimiento resistió con determinación frente a los ataques del Estado turco y otras potencias regionales.

Abdullah Öcalan percibió que esta forma de lucha y la autoorganización del pueblo habían sido efectivamente llevadas a la práctica. El PKK, desde su posición, ha creado la posibilidad de lucha mediante la construcción de un sistema democrático que se ha desarrollado durante más de 50 años. Aunque el movimiento de liberación encarnaba la causa de la libertad de los pueblos, fue catalogado globalmente como organización criminal. Esta situación dificultaba tanto su victoria como la construcción del paradigma de “Sociedad Democrática” propuesto por Abdullah Öcalan.

Por ello, Abdullah Öcalan realizó un llamado histórico a la sociedad. El movimiento y los pueblos de la región acogieron este mensaje y comenzaron de inmediato a dar pasos hacia una Sociedad Democrática. En ese marco, en su 12.º congreso, el PKK decidió disolver su estructura organizativa y poner fin a la lucha armada. Con esta iniciativa, Abdullah Öcalan aspiraba a transformar al movimiento de liberación kurdo en una fuerza legítima, política y profunda, y a impulsar nuevas formas de lucha. Sin embargo, estos pasos no fueron bien recibidos por muchos actores. Las potencias regionales e internacionales ajustaron sus estrategias de conflicto y caos ante estos nuevos desarrollos. Aún así, Abdullah Öcalan y el movimiento de liberación kurdo insistieron en que era esencial fortalecer las fuerzas sociales democráticas para enfrentar estos desafíos. Subrayaron la urgencia de construir y sostener una sociedad democrática y socialista.

En la figura de Öcalan, los pueblos de la región comenzaron a desarrollar una línea revolucionaria consciente. Aunque esta orientación democrática enfrentaba muchas debilidades institucionales, aspiraba a formular un lenguaje nuevo para la solución. Las fuerzas hegemónicas del capitalismo moderno deseaban que el PKK continuara siendo criminalizado y que el paradigma de Abdullah Öcalan quedara neutralizado. Sin embargo, pese a estas presiones, el movimiento de liberación kurdo mantuvo sus principios y métodos propuestos por Abdullah Öcalan.

Hoy se libra una compleja disputa de poder en la región. El movimiento de liberación kurdo se presenta como una opción fundamental para los pueblos, pues las demás potencias solo ofrecen dominación y control. En cambio, este movimiento apuesta por la línea de la Sociedad Democrática, buscando elevar la lucha regional hacia un horizonte universal e internacionalista.

Abdullah Öcalan comenzó hace 52 años su lucha por el socialismo democrático. Con el tiempo, las guerras, los conflictos y la incomprensión de su pensamiento provocaron muchas dificultades. Ahora, tanto en la región como en el mundo, este objetivo vuelve a estar vigente. Los pueblos de la región han logrado avances en autoconciencia nacional; una transformación por la liberación se ha puesto en marcha. Pero aún no se ha logrado estructurar plenamente una vida y una administración democráticas, debido a los grandes ataques del enemigo. La lucha por ello continúa.

Existen fuerzas internacionalistas dispuestas a unirse a esta causa, y este hecho cada vez es más reconocido. En este contexto, los ataques contra Abdullah Öcalan y el movimiento de liberación kurdo persisten. Las agresiones militares y culturales del Estado turco continúan, y el riguroso aislamiento impuesto a Abdullah Öcalan sigue vigente. Sin embargo, para que su paradigma se concrete, su libertad física es condición imprescindible. Si esto se logra, el proceso hacia soluciones para los pueblos avanzaría con mayor fluidez y la lucha adquiriría una dimensión universal.

Este paradigma ya ha alcanzado muchas partes del mundo y ha despertado un interés global hacia Abdullah Öcalan y la fuerza de su pensamiento. No obstante, su implementación práctica está condicionada a su libertad física. Aunque las campañas por su libertad han producido resultados notables, es necesario fortalecer ese esfuerzo con mayor conciencia y determinación.

Foto: manifestación por la liberación de Ocalan

Abdullah Öcalan lleva 52 años luchando por el socialismo democrático y ha estado bajo un aislamiento extremo durante 27 años. A pesar de estar confinado en una celda individual, ha formulado respuestas a problemas sociales, desarrollado perspectivas para los pueblos y elaborado manifiestos revolucionarios. Esto demuestra que debe ser liberado físicamente, no solo por su pueblo sino también por todos los pueblos del mundo.

Su libertad física permitirá a las fuerzas democráticas y revolucionarias comprender mejor su paradigma y elevar la lucha en consecuencia. El éxito solo será posible a través de la acción conjunta: mientras Abdullah Öcalan no sea libre, esta lucha estará incompleta. Como él mismo dijo: “Donde está mi filosofía, allí estoy yo”. Es decir, comprender a Abdullah Öcalan, estar con él y luchar con su perspectiva son la ruta hacia la paz.

El movimiento de mujeres del Kurdistán lucha por entender y liberar, desde su propia existencia, la verdad de las mujeres y los pueblos en lucha. La resistencia de los pueblos, guiada por la fuerza de las mujeres, será la llave para alcanzar la democracia. La libertad es, en definitiva, la paz de los pueblos.

“El socialismo es posible con la libertad de la mujer.”

Abdullah Öcalan


  1. Nazım Hikmet Ran (1902-1963), poeta y dramaturgo turco. Conocido como el poeta más importante en lengua turca del siglo XX en Occidente, su obra, de marcada militancia comunista, fue traducida a numerosos idiomas. Murió en el exilio, en 1963, como ciudadano polaco ↩︎
  2. La expresión turca «corre conejo, atrapa sabueso» se utiliza en dos contextos: 1) Refiere a un juego infantil donde se forma un círculo de participantes que cantan esta frase. En el centro, un niño o niña asume el rol de sabueso y persigue a otro que interpreta al conejo, con el objetivo de atraparlo. La frase se repite en un bucle durante toda la persecución. 2) Frase popular que como metáfora política, describe la estrategia de una fuerza dominante que incita a dos grupos oponentes, haciéndolos luchar entre sí. Simbólicamente, se le dice al conejo que corra, mientras se alienta al sabueso a atraparlo. ↩︎